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La magia proyectada

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Categoría: Ablentar
Descripción
Características
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Autoría

La magia proyectada: cine en Requena y aldeas.

José Ramón Giménez.

En la oscuridad de una sala de cine los pensamientos abandonan la realidad y la magia proyectada en la pantalla nos toma de la mano para llevar de paseo nuestros sueños. Este libro habla de los lugares y las personas que en Requena y aldeas han permitido que tantas emociones diferentes brotaran a lo largo de los años. Es también una pequeña máquina del tiempo que llevará a los lectores y lectoras hacia atrás, a sus recuerdos frente a una pantalla de cine y el deseo de que la magia siga proyectándose.

Hablar de cines no es hablar solo de salas de cines, de datos y cifras de proyección, es hablar de una memoria colectiva. De recuerdos y vivencias comunes y compartidos. No hace tanto que una sala de cine podía ser, a la vez, el momento de ocio de toda una familia un domingo, la aventura más grande de un niño o una niña, el inicio de un amor de película o la única evasión de una dura semana de trabajo. Era, también, la única ventana a un mundo nuevo, a un paisaje desconocido, a un amor soñado, a una peligrosísima aventura, a un crimen apasionado, a un duelo bajo el sol, a una batalla medieval o a una vida que solo podía ser vivida bailando y cantando.

Este ensayo recupera nuestra historia más reciente, que se desvanece demasiado rápido y demasiado pronto en una sociedad en permanente cambio a una velocidad endiablada.

302 p.
27 x 19,5 cm.
Colección Ablentar.
Autor, José Ramón Giménez.
Maquetación y portada, Estudi Grafema.
Con más de 600 imágenes.
D.L. V-2354-2026.
ISBN 978-84-127424-9-7.
Junio 2026.

Cine rural
Cultura popular
Temas locales
Meseta de Requena-Utiel

José Ramón Giménez (Campo Arcís)

De alguna manera, hay aficiones y pasiones en nuestra vida que nos eligen. José Ramón Giménez es una muestra clara de ello. A comienzos de los años 20 del siglo pasado, en la pequeña aldea de Campo Arcís, sus bisabuelos, Bernardo Gil Castiblanque y Juliana Hernández Ochando, tuvieron una excéntrica, original y pionera idea. En aquella tierra roja podían crecer algo más que viñas, podían sembrar la magia entre sus vecinos y vecinas con un aparato nuevo y maravilloso, el cinematógrafo. Fundaron el Teatro del Cid, como no puede ser de otra manera en una aldea requenense, en la parte superior de una bodega.

Jose Ramón no conoció aquel primitivo cinema pero el viejo edificio quedó en manos de la familia. Sus bisabuelos, aunque no fuera conscientemente, habían dejado tesoros escondidos que el pequeño José Ramón descubrió poco a poco en su infancia. Desde el viejo telón pintado a mano a la máquina de cine Phebus de 35 mm que proyectaba los sueños en Campo Arcís. Encontrar aquellos recuerdos escondidos fue como tirar los dados de Jumanji.

Así empezó en José Ramón una pasión por el cine que regó con mimo su abuelo Gorgonio, contándole historias y anécdotas de aquel viejo Teatro del Cid. Es, sin embargo, una pasión cinéfila distinta a la de otros aficionados. Su gran interés ha sido siempre la técnica, el modo en que las imágenes quedaban atrapadas y luego eran liberadas aún con más fuerza. Así, ha rodado diferentes cortometrajes, e incluso los largometrajes El Camino y El muchacho de Torrecillórigo. Y en el año 1995, cuando los cines desaparecían del paisaje rural, emprendió el proyecto de Transcinema junto a otro apasionado del cine, José Luis Vicente. Una empresa de cine ambulante para seguir con el sueño de sus bisabuelos Bernardo y Juliana, seguir proyectando magia.